Inicio (Uno)
Inicio (Uno), recupera la experiencia prematura
de pertenencia a la totalidad y de entrega espontánea
al movimiento sin ejercicio de control.
Es el comienzo de este viaje
de deseada vuelta al origen del acto creativo.
La bailaora, delicadamente sostenida solo por las cuerdas quebradizas de Riqueni, descubre por imperativo de equilibrio un movimiento que dimana de la extrema atención a la sutileza.
En diálogo con la poesía sonora del maestro su baile somatiza una respuesta lírica, de acusada sensibilidad, que le revela una conciencia orgánica distinta, capaz de volver a la fusión con la alteridad a través de la espontaneidad y la conexión con el misterio de la propia naturaleza sin inhibición racional.
Tal es el arrobo auspiciado por la escucha plena, que guitarra y movimiento desaparecen en la comunión de las partes de un Todo que aún no ha sido dividido: cabe preguntarse si la música que danzan las manos del maestro nace del cuerpo de la bailaora, así como pertenece aún la vida a su matriz antes de concretarse la madre.
Florecen la admiración y la compasión en un movimiento amorosamente acomodaticio a la armonía. Nace con la guitarra. En la guitarra. Es la guitarra. Sale de su boca, pero aún no se separa, así como la célula es una antes de escindirse y transformarse en Lo otro del Uno.
Transita desde la respuesta viva hacia la interrogación, el camino de la construcción del significado de lo flamenco, erigido sobre términos que, por tan usados para expresar cuanto tiene de inefable, se han convertido en conceptos definitorios de la disciplina a pesar de su imprecisión y semántica intuitiva: raíz, esencia, pureza…Todos ellos apelantes a una realidad de condición originaria y pretérita, sumergida en sus inicios.
La bailaora, delicadamente sostenida solo por las cuerdas quebradizas de Riqueni, descubre por imperativo de equilibrio un movimiento que dimana de la extrema atención a la sutileza.
En diálogo con la poesía sonora del maestro su baile somatiza una respuesta lírica, de acusada sensibilidad, que le revela una conciencia orgánica distinta, capaz de volver a la fusión con la alteridad a través de la espontaneidad y la conexión con el misterio de la propia naturaleza sin inhibición racional.
Tal es el arrobo auspiciado por la escucha plena, que guitarra y movimiento desaparecen en la comunión de las partes de un Todo que aún no ha sido dividido: cabe preguntarse si la música que danzan las manos del maestro nace del cuerpo de la bailaora, así como pertenece aún la vida a su matriz antes de concretarse la madre.
Florecen la admiración y la compasión en un movimiento amorosamente acomodaticio a la armonía. Nace con la guitarra. En la guitarra. Es la guitarra. Sale de su boca, pero aún no se separa, así como la célula es una antes de escindirse y transformarse en Lo otro del Uno.
Transita desde la respuesta viva hacia la interrogación, el camino de la construcción del significado de lo flamenco, erigido sobre términos que, por tan usados para expresar cuanto tiene de inefable, se han convertido en conceptos definitorios de la disciplina a pesar de su imprecisión y semántica intuitiva: raíz, esencia, pureza…Todos ellos apelantes a una realidad de condición originaria y pretérita, sumergida en sus inicios.